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CUESTIÓN DE TIEMPO
Este solsticio aprende a interpretar siete observatorios de nuestro pasado.
TEXTO DE Tomás Pérez Suárez
This summer solstice, learn how to read the skies at seven ancient observatories.

EQUINOCCIO DE PRIMAVERA
FOTO CORTESÍA DEL INSTITUTO NACIONAL DE ANTROPOLOGÍA E HISTORIA
REGISTRAR EL PASO DEL TIEMPO TIENE UNA HISTORIA tan larga como la humanidad. El día y la noche, las fases lunares y el cambio de las estaciones, fenómenos cíclicos relacionados con los movimientos de la Tierra y la luna girando alrededor del sol, han sido los primeros referentes observables en todos los pueblos del mundo. Las sociedades nómadas utilizaron calendarios lunares. Sin embargo, los primeros pueblos agricultores y sedentarios necesitaron cuentas precisas relacionadas con las estaciones y el ciclo de la siembra y la cosecha. Para ello recurrieron a registros solares de 365 días. Las diversas culturas prehispánicas que florecieron en México y Centroamérica no fueron ajenas a estas observaciones y construyeron complejos sistemas arquitectónicos que permitían registrar con rigurosidad el tiempo y los solsticios y equinoccios.
La forma elíptica de la órbita terrestre determina que dos veces al año estemos a igual distancia del sol. A estos puntos les llamamos equinoccios de primavera y de otoño, cuando día y noche tienen la misma duración. Los otros dos extremos, más distantes de la órbita, son los que ocasionan el solsticio de vera-no, cuando el día es más largo, y el de invierno, cuando la noche es más larga. Aún hoy sorprende la exactitud de los marcadores y los observatorios que nos heredaron las culturas mesoamericanas en algunos de los más fascinantes sitios arqueológicos de México, donde sigue palpitando el conocimiento del universo.
Yaxchilán, Chiapas
Pájaro Jaguar, quien gobernó en Yaxchilán (Arroyo de piedras verdes) entre 752 y 768 D.C., mandó levantar una de las construcciones más impresionantes de esta ciudad maya, localizada en las márgenes del río Usumacinta. Este edificio, con su fachada orientada al este e identificada con el número 33, posee tres entradas con dinteles esculpidos y una gran escalera jeroglífica donde aparece representado el soberano con sus ancestros. En el interior del cuarto central se localiza una escultura de dicho gobernante, donde se le muestra sentado y viendo hacia el exterior. Esta escultura sólo se baña por completo de luz en las mañanas de los días cercanos al solsticio de verano, es decir, dos o tres días antes y después del 22 de junio, cuando los rayos solares entran perpendicularmente al recinto. Según las inscripciones, los solsticios de verano fueron eventos de suma trascendencia para la noble-za de Yaxchilán en aspectos económicos, políticos y religiosos.
Cómo llegar: Desde Villahermosa, acércate hasta Palenque y Frontera Corozal, donde se puede cruzar el río Usumacinta en lancha desde un centro llamado Escudo Jaguar.
Dzibilchaltún, Yucatán
En el extremo norte de la península de Yucatán, cercana al mar y a 15 kilómetros de Mérida, se localiza la zona arqueológica de Dzibilchaltún (Donde hay escritura en las piedras). Este asentamiento prehispánico, con más de 8,000 estructuras arquitectónicas surcadas por caminos blancos, llamados sacbé en maya, posee una larga secuencia de ocupación prehispánica que abarca más de 2,000 años, los cuales culminaron con la construcción de una capilla para oficiar misas cristianas en el siglo XVI. En el extremo este del Sacbé 1 se ubica una plaza que alberga el edificio conocido popularmente como “Templo de las Siete Muñecas”, por el hallazgo en su interior de una ofrenda formada por siete figurillas de cerámica. Lo interesante de esta construcción, cuyas puertas y ventanas atraviesan de lado a lado los muros este y oeste, es que funcionó como un preciso marcador de equinoccios y solsticios. Desde la parte superior de un pequeño templete, que ocupa el extremo oeste de la plaza, un observador notará que el 21 de marzo y el 22 de septiembre el sol atravesará la puerta central; mientras que en los solsticios, cruzará el vano de las ventanas, las del norte en el de verano, y las del sur en el de invierno.
Cómo llegar: Por la Carretera Mérida-Progreso, tienes que tomar el desvío que llega directo después del kilómetro 12.
Chichén Itzá, Yucatán
La fama y gloria de Chichén Itzá han trascendido los tiempos. Fue uno de los sitios más visitados por los numerosos viajeros que recorrieron el territorio maya en el siglo XIX, y hoy es una de las zonas arqueológicas más concurridas del país. “El Castillo” o “Templo de Kukulcán”, además de ser toda una alegoría calendárica por sus 365 escalones y los 52 paneles que decoran los cuerpos de esta estructura piramidal, representa un punto culminante y espectacular en el registro de equinoccios. Dos veces al año, el 21 de marzo y el 22 de septiembre, después del mediodía, un juego de luz y sombras se manifiesta en la escalera del lado norte del edificio y una serpiente de luz parece descender del templo para marcar el inicio de la primavera y el del otoño. Otro edificio peculiar de Chichén Itzá, por su forma circular, es el llamado “Caracol” u “Observatorio”. Aunque seriamente destruido en su parte superior, sus ventanas sirvieron para marcar visuales hacia la puesta del sol durante los equinoccios.
Cómo llegar: Tanto desde Cancún como desde Mérida, el acceso es muy fácil y está indicado por la Carretera 180.
Monte Albán, Oaxaca
Monte Albán, la gran capital de los zapotecas que fue fundada aproximadamente en el año 500 A.C., se yergue sobre una formación montañosa junto a la actual ciudad de Oaxaca. En la cima del cerro principal se ubica una monumental plaza delimitada por templos, palacios, plataformas y un juego de pelota. El centro de la plaza está ocupado por una serie de templos, de entre los que destaca el Edificio J, localizado en el extremo sur y también conocido como el de las “Lápidas de conquistas”, por sus lozas esculpidas que relatan hazañas militares. Al Edificio J igualmente se le conoce como “El Observatorio”, ya que tiene una forma oblicua, su orientación es distinta a la de los otros edificios de la ciudad y posee un pasadizo abovedado que lo atraviesa de este a oeste. Según los investigadores, desde este pasadizo se obtenían visuales que registraban la salida del sol en los solsticios.
Cómo llegar: El sitio está a sólo 20 minutos del centro de Oaxaca. Puedes tomar la Avenida Morelos en el zócalo, que desemboca en la salida a la carretera que conduce a Monte Albán.
Xochicalco, Morelos
Al sur de Cuernavaca, la zona arqueológica de Xochicalco (Casa de las flores) descansa sobre la cima de un cerro. Esta ciudad prehispánica, que floreció entre los años 650 y 900, es además conocida desde el siglo XVIII por la riqueza escultórica del “Templo de Quetzalcóatl”, símbolo de la ciudad.
En la parte norte del cerro existen varias cuevas; la más importante es conocida como “El Observatorio”, nombre que deriva de la abertura en el techo de una de las cámaras. Por este tiro vertical, de más de cinco metros de largo y 50 centímetros de diámetro, la luz solar penetra tenuemente. Sin embargo, dos veces al año, 14 y 15 de mayo, y 28 y 29 de julio, en su tránsito cenital el sol pasa perpendicularmente por esta abertura y crea un efecto lumínico que cubre toda la cámara. En medio de estas dos fechas ocurre el solsticio de verano y el establecimiento de la temporada de lluvias.
Cómo llegar: Desde el D.F. o Acapulco, por la Carretera 95. En Alpuyeca toma el desvío hacia el poniente, a las Grutas de Cacahuamilpa y antes de llegar a Miacatlán, sigue la salida al norte.
Teotihuacan, Estado de México
Esta importante ciudad de los primeros 600 años de la era cristiana destaca por la monumentalidad de sus construcciones y el trazo respecto al eje norte sur formado por la “Calzada de los Muertos”. En el cruce de dicha calzada con otra de este a oeste se localiza el conjunto “La Ciudadela”. Los tres templos de este recinto habrían funcionado como marcadores de equinoccios y solsticios. La salida del sol se observaría en la parte superior del “Templo de Quetzalcóatl”.
Detrás de la “Pirámide del Sol” hay varias cuevas ampliadas. Una indica el solsticio de verano, fecha única en que los rayos solares entran perpendicularmente en el tiro de la cueva.
Cómo llegar: Se puede llegar desde el Distrito Federal por la salida a Pachuca, ubicada en la avenida Insurgentes Norte.
Tenochtitlan, México, D.F.
La capital del imperio azteca o mexica, que estaba en pleno apogeo al momento del primer contacto con los europeos, poseía un monumental templo dedicado a Tláloc (Dios del agua y la agricultura) y Huitzilopochtli (Dios del sol y la guerra). Se le conoce como “Templo Mayor” y ocupaba la parte central del gran recinto ceremonial.
El reloj solar que marcaba el tiempo de regencia de los dioses era este templo. En el solsticio de verano podían observar que el sol salía en el extremo norte del edificio, en el templo de Tláloc. Sin embargo, en el solsticio de invierno, inicio de la temporada de secas, el sol sale por el extremo sur, en el templo de Huitzilopochtli.
Cómo llegar: ElTemplo Mayor queda junto al Zócalo y la catedral en México, D.F.. www.templomayor.inah.gob.mx
ABOUT TIME Since the dawn of civilization, humans have tried to measure and record time. The Mesoamerican people were unusually good at it. They made calendars of 365 days in order to mark the movement of the sun. Today, we can witness their precise measurements at some fascinating Mexican archeological sites. Pyramids, stairways, windows, sculptures and caves still work as solstice and equinox markers. On this year’s summer solstice the sunlight that hits the statue of the Jaguar Bird at Yaxchilan will also cross the north windows of Dzibilchaltun, near Merida, and form a bright vertical column in the cave behind Teotihuacan’s Pyramid of the Sun.
SISTEMA SOLAR
EL MODELO IDEAL de un marcador de calendario consiste en una plaza con una plataforma en el lado este y tres templos sobre ella: en el centro, norte y sur. Frente a esta plataforma, una estructura piramidal funciona como punto fijo de observación. El 21 de marzo, equinoccio de primavera, se ve salir el sol detrás del templo central. Después, el astro parece moverse al Norte —es la Tierra la que lo hace— hasta el 22 de junio, solsticio de verano. Luego, comienza su regreso y de nuevo surge de la parte posterior del templo central el 22 de septiembre, equinoccio de otoño. Desde ese sitio, se desplaza hacia el sur hasta el 22 de diciembre, solsticio de invierno, cuando sale detrás de ese templo e inicia su regreso para, 365 días después del comienzo, repetir el ciclo.
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