MÉXICO ROCKS!

Tras cuatro décadas del mejor ruido, el D.F. suena más fuerte que nunca.

TEXTO DE Manuel Cerón
FOTOGRAFÍA DE Rodrigo Vázquez
After four decades of underground success, Mexico City’s music scene is louder than ever .

MÉXICO, D.F. ES INTENSO y vertiginoso, es el epicentro del rock en español. Su tradición honra los primeros acordes: Blackboard Jungle (1955), cuya banda sonora incluía “Rock around the clock” de Bill Haley, y fue el primer beso del género con la juventud del país, que no se identificaba con el cha cha chá y la rumba del Centro y se definió como original e independiente.

Desde los sesenta, bandas como los Sinners y los Sonámbulos ofrecían covers en español de los éxitos comerciales estadounidenses. Fueron los Teen Tops quienes en 1962 emprendieron las primeras giras a España, Argentina, Colombia y Venezuela, difundiendo su rock a toda la comunidad hispanoparlante. Mientras tanto, con la creciente demanda del nuevo ritmo, los espacios para tocar comenzaron a abarrotarse; se empezaba a hacer evidente la falta de entendimiento con los “mayores” y la necesidad de otros aires musicales.

UNA CARRERA DE AUTOS… SIN AUTOS: AVÁNDARO

11 de septiembre de 1971. Lo que sería el concierto de una carrera de autos se convirtió en el evento rocanrolero más emblemático de México, pero tras el Festival de Rock y Ruedas se suspendieron los conciertos del género hasta la presentación de Rod Stewart en 1989. Avándaro es un poblado en el Estado de México colindante con el famoso Valle de Bravo. La prensa hablaba de 200,000 asistentes, excesos, faltas a la moral y vorágine propiciada por “esa” música. Según Ramón García, asistente y coleccionista cuyo arsenal de discos supera los 10,000 entre acetatos, compactos y casetes –sólo de rock nacional–, “Avándaro fue un concierto megachingón; nadie fue engañado ni lastimado. Ahora bien, fue una cortina de humo para evadir la mirada del mundo a las matanzas estudiantiles. Después de Avándaro, el rock fue satanizado”.

El concierto duró dos días con 18 bandas, las mejores de México. Gente de todas las clases sociales se reunió bajo una lluvia persistente. Hubo alcohol, sacerdotes dando misa, marihuana, hermandad, amor, lodo y un grandísimo legado musical. La carrera nunca se corrió y tras Avándaro las cosas cambiaron por completo. La censura se extendió hasta las emisoras de radio y los “cafés cantantes” de la Zona Rosa fueron cerrados. Los músicos buscaron espacios en la periferia, “hoyos funkys” o bodegas abandonadas donde la banda resistió casi 10 años con un rock de alcantarilla y creció hasta salir glorioso en los ochenta. Fue entonces cuando el movimiento de “Rock en tu idioma” y macrofestivales como el Vive Latino consolidaron el lugar de la Ciudad de México en el mapa del rock and roll mundial. Rockotitlán, L.U.C.C. (La Última Carcajada de la Cumbancha), Rock Stock y Tutifrutti fueron en los ochenta y noventa las mejores trincheras.

El rock transitó de nuevo en la ciudad y se especializó en el Tianguis Cultural de El Chopo (entre las calles de Sol y Luna, Col. Guerrero), que nació para el sencillo intercambio de discos en el museo del mismo nombre. Este oasis rockero se estableció hace más de 25 años y hoy es el espacio de encuentro de tribus urbanas y de la escena contracultural de México: darkys, punks, rocabillys, metaleros, rastas, technos, rupestres, bluseros, DJs, hardcoreros, fotógrafos, locutores, coleccionistas, pintores, artesanos, melómanos de todo tipo y curiosos, que se reúnen los sábados del mediodía hasta alrededor de las cinco de la tarde.

El Chopo da cabida a las bandas nuevas y semana a semana se escuchan grupos de cualquier tendencia musical en un ambiente de tolerancia absoluta. De hecho, las mejores bandas de México en algún momento han tocado en éste, que es el lugar perfecto para comenzar una ruta rockera en la ciudad.

Al caer la noche, este concepto espontáneo y alternativo continúa en el Alicia (Cuauhtémoc 91-A, Col. Roma, Tel. 55 5511 2100, www.myspace.com/foroalicia), sin duda el punto más importante para las bandas y un centro de investigación y producción no sólo de rock y arte, sino de toda una filosofía de resistencia: la autogestión, que ha mantenido el foro a pesar de vivir en constante conflicto con el sistema desde sus inicios en diciembre de 1995. Lo que pasa en el Alicia es inexplicable, es un espacio casi atemporal y de una atmósfera totalmente underground. Su moda, su gráfica y el sonido de sus bandas e ingenieros se convierten en los cánones a seguir por los grupos engendrados desde una posición social más acomodada o producto de un ambiente comercial. El foro cuenta con su propio sello discográfico independiente: Grabaxiones Alicia-Música contra el Poder, que acoge también otros géneros como punk, surf, ska, hip-hop, garage, blues y reggae.

Más reciente, glamouroso y sofisticado, El Imperial (Álvaro Obregón 293, esq. Oaxaca, Col. Roma, Tel. 55 5525 1115, www.myspace.com/elimperialclub) se ha convertido en el foro de moda. Lejos de la ambientación garage tradicional de muchos antros, ofrece un espacio decorado con lujosos tapices y candelabros, con una marquesina iluminada a la vieja usanza de los grandes teatros estadounidenses. Es parte de la nueva ola de lugares que muestran una “apertura comercial del rock en los últimos años”, como asegura Luis Pérez, locutor de la emisora del género, Reactor 105.7 FM, y una eminencia en la materia. El lugar tiene un escenario pequeño y dos áreas muy bien delimitadas: la planta baja donde revientan chavos que andan en los veinte y corean rolas de indie y de pop inglés; y un segundo piso acústicamente más equipado, con asientos de piel y una buena carta de cócteles. Las bandas son programadas con mucho tiempo y no es fácil ser seleccionado.

En la misma zona se encuentran otras dos fuertes propuestas alternativas: Tokio Pop (Huichapan 2, esq. Álvaro Obregón, Col. Hipódromo Condesa), un restaurante de sushi que con el tiempo se ha convertido en un foro importante; y Casa Hilvana (Colima 378, esq. Salamanca, Col. Roma), enorme casa donde se presentan DJs, rock, dub y electrónica, junto a propuestas plásticas.

EN EL CORAZÓN DE LA CIUDAD

El centro mezcla los antros de rock con una arquitectura que es patrimonio mundial, una historia de esplendor y cientos de personajes nocturnos. Uno puede caminar de un lugar a otro, encontrándose sorpresas inolvidables. Basta explorar detrás de una cortina de metal, un anuncio de neón o unas sencillas puertas de madera al estilo “salón”. Los más destacados son el Pasagüero (Motolinía 33, www.pasaguero.com), crisol de moda, arte y música en vivo; el Centro Cultural España (Guatemala 18, www.ccemx.org), de la Consejería Española en México, lugar de exposiciones y música experimental; el Salón Calavera (Tacuba 64, www.myspace.com/saloncalavera), con dub, Djs sets y bandas en vivo; el Pasaje América (5 de Mayo 7); y el Dada X (Bolívar 31), dedicado a la música dark y sus subgéneros.

Por la periferia se extiende un movimiento más urbano y ska, que atrae a miles de jóvenes con sus conciertos masivos y maratónicos. “Hay incluso algunas bandas que todavía dan difusión a sus conciertos boca a boca”, explica Luis Pérez. El Circo Volador (Calzada de la Viga 146, Col Jamaica, www.circovolador.org), abrió como foro, taller de arte y casa del metal y el thrash. Un lugar punk en su máxima expresión, propositivo y autogestivo es El Under (Monterrey 80, entre Durango e Insurgentes, www.theunder.org). Y un clásico de la ciudad por el nivel de sus ponentes en los que se pueden mencionar grupos de la talla de Radiohead es el Bulldog (Rubens 6, esq. Revolución, Col. Mixcoac, www.bulldogpuebla.com.mx). En cada esquina, la Ciudad de México respira a través de sus músicos y bandas, “Aún hoy, el rock and roll mexicano no está en Internet, sino en las tocadas de la calle”, declara Ramón García. La escena, irreverente por naturaleza y rockera por convicción, absorbe a los devotos visitantes y cuando encuentra en ellos una fibra sensible por el género, la abraza a todo volumen.

YOU ROCK!

Back in 1971, the legendary Festival of Rock and Wheels gave the first hint that Mexico City could be the capital of Spanish rock. But then all rock concerts were banned for being over the top until finally Rod Stewart was allowed to play in 1989. Today, the underground scene that survived in the suburbs reignites the city’s revolutionary spirit with cult bars such as El Alicia, a live music venue that has a record label for even the least commercial bands, and the El Chopo street market (between Sol and Luna streets in the Guerrero district), where cool urbanites meet old hippies to share their passion for rock and roll and collectors-only memorabilia every Saturday.

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