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HUELLAS EN EL PARAÍSO
En el Cráter de Chicxulub, dentro del anillo de cenotes de la Península de Yucatán, la ciencia le sigue la pista a la evolución humana
Visitors and scientists alike are fascinated by the ring of sinkholes that surrounds the Chicxulub crater in the Yucatan Peninsula

TEXTO DE Manuel Cerón
Cenote X-Keken en Yucatán. FOTOGRAFÍA DE Macduff Everton
Lo que para unos es un centro privilegiado del turismo ecológico de México, el punto medular de la arqueología maya y un destino gastronómico por excelencia, para otros es también la más importante evidencia científica de que un meteorito cayó en la Península de Yucatán hace 65 millones de años, provocando la extinción de los dinosaurios y del 75% de las especies. Y es que el cráter de Chicxulub, cubierto por toneladas de tierra que surcan kilómetros de misteriosos cenotes, fundamenta la Teoría del Impacto, según ha publicado la revista Science. El estudio, a cargo de 41 científicos, entre ellos varios mexicanos, sitúa el centro de la huella de 220 kilómetros de diámetro en Chicxulub. “El cráter, la capa de arcilla que marca el límite cretácico-terciario y su relación con las extinciones masivas dan fe de los efectos del impacto en los sistemas de vida del planeta y los cambios del clima y el ambiente”, explica el doctor Jaime UrrutiaFucugauchi, del Laboratorio de Paleomagnetismo y Paleoambientes en Océanos y Continentes, del Instituto de Geofísica de la UNAM. En apenas segundos, el evento reencauzó la evolución y, a lo largo del tiempo, algunos de sus efectos geológicos fueron las variaciones tan fascinantes como estos sistemas, los cenotes, formados hace unos 10,000 años, en la primera glaciación.
EL LUGAR DEL IMPACTO
Chicxulub es un pequeño puerto pesquero situado 8 kilómetros al este de Puerto Progreso y 40 de Mérida. Su nombre significa “pulga del diablo” en lengua maya. Este apacible lugar está rodeado por un grandioso anillo de cenotes, como mostraron hace un par de décadas las fotos satelitales del Jet Propulsion Laboratory, financiado por la NASA. “El valor de los cenotes radica en que son la única evidencia a simple vista del suceso de Chicxulub, ya que forman un semicírculo casi perfecto al sur de Mérida —explica el doctor Mario Rebolledo-Vieyra, de la Unidad de Ciencias del Agua del Centro de Investigación Científica de Yucatán—. A través de perfiles sísmicos, pruebas parecidas a una ecografía, se aprecia que las fracturas del cráter están unidas con los cenotes”.
El cráter fue descubierto a finales de la década de los 70. Un enorme arco subterráneo con una simetría extraordinaria llamó la atención de un grupo de geofísicos que trabajaba en el norte de la Península de Yucatán buscando yacimientos de petróleo. La investigación no pudo seguir ni darse a conocer en detalle, pero daría la pauta para documentar, años después, la huella del impacto que marcó la transición de los dinosaurios a la era de los mamíferos.
Para el doctor Urrutia, “Chicxulub representa un laboratorio natural para investigar los impactos y cómo éstos moldean las superficies de los planetas y satélites en el sistema solar”. Geólogos y geofísicos han desarrollado tests como el cuarzo de choque: una alteración en la estructura microscópica del cuarzo que sólo se logra en altas temperaturas y por una anomalía gravitatoria como la aceleración de la gravedad en un lugar. Observaron la presencia de tectitas, vidrios naturales formados por la colisión a altas velocidades entre cuerpos extraterrestres, pero el factor contundente fue una delgada capa de arcilla rica en iridio, que muestra que los vestigios pertenecen a la frontera geológica entre el final de una etapa y el inicio de la vida tal cual la conocemos. El iridio es un metal escaso en la Tierra, pero muy abundante en los meteoritos.
TEORÍA DEL IMPACTO: CIFRAS Y EFECTOS
El cráter de Chicxulub evidencia el tamaño del meteoro y el daño que causó. Se calcula que medía unos 170 kilómetros de diámetro y que liberó unos 400 zettajoules de energía, que equivalen a 1,014 toneladas. Para hacerse una idea, la bomba del Zar, el explosivo más potente creado por el hombre, tuvo 50 megatones de potencia, pero la colisión de Chicxulub fue dos millones de veces más potente que ese arma y un billón de veces que la bomba atómica de Hiroshima.
La idea de una catástrofe contrasta con la belle-za del lugar, su vegetación colorida y la fauna exótica de aves y reptiles. Pero irónicamente lo que no se ve, el subsuelo, es en términos científicos lo más rico. Estos sistemas eran lugares sagrados para los mayas y representaban la entrada al inframundo. “Visitar los cenotes permite un acercamiento a la concepción que tenían los pueblos prehispánicos, descubrir que hay mucho más que lo que vemos en la superficie, incluso animales que no imaginamos como peces que no tienen ojos, que evolucionaron sin ellos por vivir en un medio sin luz”, explica el doctor Rebolledo.
Debido a su ubicación, su conexión con las grietas del cráter y su fácil acceso, los cenotes de Cuzamá, en especial Chelentún, Chak-Zinik-Che y Bolom-Chojol, son los más atractivos. Adventures Mexico (Tel. 999 925 1700; www.adventures-mexico.com) ofrece tours a los tres saliendo de Mérida. Precisamente en esta ciudad, varias instituciones, entre ellas la UNAM y el CICY, junto al Gobierno de Yucatán, podrían comenzar pronto el proyecto de un Museo de Chicxulub, en la línea de la exposición permanente que hay acerca del tema en el Museo de Historia Natural de Mérida (Calle 59 n° 648, entre 84 y 84; Col. Centro; Tel. 999 924 0994).“Sería interesante que integre un laboratorio en el que conservar las muestras de rocas obtenidas del cráter, con facilidades analíticas para estos estudios y el objetivo de impulsar un polo de desarrollo científico visitado por científicos de todo el mundo”, sugiere el doctor Rebolledo. La NASA ha propuesto ya a la UNESCO convertir la zona en Patrimonio Científico de la Humanidad. Mientras tanto, la apasionante ruta ofrece una mezcla de historia, aventura y naturaleza, pero sobre todo provoca la ineludible sensación de que, igual que al sumergirnos en un ce-note, en las profundidades de nuestra propia historia aún nos queda un largo trecho por recorrer.
IMPRINTS IN PARADISE One of the most spectacular natural wonders of Mexico, the cenotes (sinkholes) in the Yucatan Peninsula have fascinated people since the Mayans, who interpreted them as sacred entrances to the underworld. The cenotes—which UNESCO might declare a World Heritage Site, if NASA gets its wish—draw a perfect semi-circle around the Chicxulub crater. In fact, a study recently published in Science magazine explains that the cenotes’ locations are a result of the collision of an asteroid that was more than 120 miles in diameter. This collision caused the extinction of dinosaurs along with more than 75% of the species on Earth, and scientists have finally proved the Impact Theory after years of research in the region. “The cenotes are the only superficial evidence of the impact, and they directly connect with the fractures of the crater,” says Dr. Mario Rebolledo-Vieyra from the Yucatan Center for Scientific Research. Because of their location and accessibility, the cenotes in the village of Cuzama are especially attractive for researchers and visitors.
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